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viernes, 5 de marzo de 2010

ALFONSO DE PORTAGO

ALFONSO DE PORTAGO (MARQUES DE PORTAGO)


Hace dos semanas, Ferrari hacía oficial el fichaje de Fernando Alonso para la próxima temporada. El asturiano será el segundo piloto español en la historia en convertirse en piloto oficial de la escudería italiana. Muchos ya sabéis que el honor de ser el primer piloto oficial Ferrari recayó en el Marqués de Portago. Pero, ¿Quién fue Alfonso de Portago?

Antes de llegar al automovilismo, Alfonso de Portago había destacado en la práctica del bobsleigh. Un deporte sin ninguna tradición en España pero que atraía al joven Marqués. Tanto es así, que a pesar de no contar con mucho apoyo, participó en los Juegos Olímpicos de Invierno de 1956 en Cortina d´Ampezzo, sufragando el mismo los gastos. El cuarto puesto final en bobsleigh a dos, dice mucho de Alfonso. Un año después Portago y Luis Muñoz lograron el bronce en el Mundial de Bobsleigh disputado en Saint Moritz. La única medalla hasta la fecha conseguida en esta categoría por nuestro país.
La historia, la parte que nos interesa, del Marqués de Portago comienza en 1953. A pesar de que fue Edmund Nelson, amigo de Alfonso de Portago, quien introdujo al Marqués en el mundo de automovilismo, fue Luigi Chinetti, importador de Ferrari en USA, quien le invitó como copiloto para participar en la Carrera Panamericana. De Portago quedó encantado con la experiencia y no tardó comprarse en un Ferrari 250 MM con el que hizo sus primeros pinitos. En 1954, y con Harry Schell como compañero, debutó en los 1000 km. de Buenos Aires. El resultado no pudo ser mejor, segundos aunque Alfonso de Portago no llegó a dar más de tres vueltas. Schell no se fiaba de el. El siguiente reto fueron las 12 horas de Sebring, aunque en esta ocasión un palier roto acabo con la experiencia a las dos horas de empezar.



En ese momento Portago fue consciente de que el 250 MM era demasiado para sus limitados conocimientos de conducción deportiva por lo que se deshizo de el y se compró un Maserati A& GCS 2 litros. El debut con ese coche sería, nada más y nada menos, que en las 24 horas de Le Mans. Aunque, de nuevo, no lograría finalizar la prueba.

Poco después comenzarían a llegar los resultados. Primera victoria en el Gran Premio de Metz. En la siguiente prueba, las 12 horas de Reims, iba a contar con Louis Chiron como compañero. Aunque de nuevo tuvo que abandonar. Era momento de buscar retos mayores. Alfonso de Portago vende el Maserati y se hace con un Osca MT4.



Con el Osca participaría en en el Tour de Corse, abandonando, y en las 24 horas de Nürburgring, prueba que dominó hasta que se salió de pista. Tras cinco carreras, Alfonso de Portago ya era conocido como “el piloto loco”. Fama que le perseguiría durante toda su carrera.

El Osca duró poco en manos de Portago. Necesitaba más caballos por lo su siguiente paso fue adquirir un Ferrari 750 Monza. Su primera carrera con el nuevo auto fue la Panamericana que terminó antes de tiempo con problemas en un filtro de aceite. Pero sería con el 750 Monza con quien conseguiría una racha de grandes resultados durante la Nassau Speed Week. Fue en ese momento cuando comenzó a llamar a las puertas de Ferrari. Enzo Ferrari decidió ofrecerle un Fórmula 1 del año 54. Los resultados con el Ferrari 625 no llegaron. A pesar de ello no cejó en su empeño y en Sport si que logró unos excelentes resultados. Segundo puesto en el G.P de Venezuela tras Fangio, dos victorias en el Nassau Trophy y solamente una rotura le impidió alzarse con las 9 horas de Goodwood.

En sus comienzos varias fueron las frases que acuñó y que demostraban su carácter.

…hay que arriesgarse para llamar la atención de las marcas…
Si se escapa de la muerte los dos primeros años, la mitad de la batalla está ganada


Tras los éxitos conseguidos en 1955, De Portago volvió a reclamar un volante oficial a Ferrari, aunque como respuesta recibió unas fotos suyas haciendo un trompo. Pero la suerte haría que se Alfonso encontrara el deseado volante en la Scuderia. Luigi Musso, piloto oficial de los italianos, se lesionaba a comienzos de la temporada de 1956, y De Portago era el elegido para sustituir al italiano. El español se pondría al volante de un Ferrari-Lancia D50.

En su primer Gran Premio, el de Francia, la caja de cambios de su D50 falló obligándole al abandono, pero dos semanas después las cosas cambiaron. En el GP de Inglaterra en Silverstone De Portago estaba luchando por la victoria con Juan Manuel Fangio y Stirling Moss. Su compañero Peter Collins había tenido problemas con su coche, por lo que fue llamado para compartir coche con el inglés. El segundo puesto final significó durante mucho tiempo el mejor resultado de un español en la Fórmula 1, aunque tuviera que compartir los puntos.



Para ese momento, De Portago ya se había ganado a Enzo Ferrari, y éste le había convertido en piloto oficial en la categoría Sport. Las victorias con el nuevo Ferrari 250GT en el Tour de France, en Monthlery y el Gran Premio de Roma se sumaron a los dos podiums en la Nassau Speed Week con un Ferrari 860 Monza.



En 1957 tendría su última oportunidad de disputar un Gran Premio de Fórmula 1. Junto a José Froilán González, De Portago finalizó en quinta posición en el Gran Premio de Argentina disputado en Buenos Aires. Pero no mucho después, la carrera de Alfonso de Portago llegaría a su fin.

En mayo de 1957, el español fallecería trágicamente durante la disputa de la Mille Miglia. Los días previos a la carrera, De Portago afirmó que no quería disputar la carrera. No la había disputado nunca y no le gustaban las carreras largas y además Ferrari le iba a dar un nuevo modelo, el 335S un 4.000 cc. Con el número 531, asignado por la hora de salida las 5 de la mañana y 31 minutos, se lanzó a recorrer los más de 1600 kilómetros non-stop de que se componía la prueba.



A pesar de que como decía en la carta se lo iba a tomar en plan turismo, De Portago no entendía eso de salir a cumplir el expediente. A falta de 300 kilómetros era quinto y con los dos coches de delante con problemas mecánicos. En la última parada uno de los mecánicos detectó problemas en el neumático delantero izquierdo. No había tiempo para repararlo y Alfonso se lanzó a alcanzar a Collins y Gendebien. A falta de 50 kilómetros, y cuando ya estaba situado en tercera posición, Alfonso de Portago sufrió un accidente en la localidad de Guidizzollo cuando circulaba a más de 250 km/h y uno de sus neumáticos explotó. El español, su amigo Ed Nelson y nueve espectadores fallecieron en ese accidente y 30 más resultaron heridos. La de 1957 fue la última edición de la Mille Miglia.


ALFONSO DE PORTAGO




ALFONSO DE PORTAGO


Alfonso Antonio Vicente Eduardo Angel Blas Francisco de Borja Cabeza de Vaca y Leighton Carvajal y Are, XVII Marqués de Portago, XIII Conde de la Mejorada y Grande de España, más conocido por su título de marqués de Portago o simplemente como ‘Fon’ de Portago (nacido el 11 de octubre de 1928 en Londres - fallecido el 12 de mayo de 1957 en Guidizzolo, provincia de Mantova (Italia) disputando la Mille Miglia) fue un piloto español de Fórmula 1. Participó en cinco grandes premios, siempre en la escudería Ferrari, debutando el 1 de julio de 1956 en Francia, y logró un total de 4 puntos del campeonato, siendo 2º en el Gran Premio del Reino Unido de 1956 y 5º en el Gran Premio de Argentina de 1957. Compitió en la Carrera Panamericana de 1953 con Luigi Chinetti.



Orígenes

Los Cabeza de Vaca eran una antigua familia de la nobleza española cuyo miembro más destacado fue el conquistador Alvar Núñez Cabeza de Vaca, descubridor de Florida. Alfonso era nieto de Vicente Cabeza de Vaca y Fernández de Córdoba, XV Marqués de Portago, ministro de Instrucción Pública y alcalde de Madrid. Su padre, Antonio Cabeza de Vaca y Carvajal, XVI Marqués de Portago, fue sin duda el modelo para Alfonso. Era amigo personal del rey Alfonso XIII, siendo padrino de bautismo de su hijo y por el que llevó su nombre, héroe de guerra, deportista y, ocasionalmente, actor de cine. Luchó en la Guerra Civil Española en el bando nacional y en una ocasión se desplazó a nado hasta un submarino del bando republicano con una bomba de fabricación casera, que lo hizo irse a pique. Murió en 1941, cuando Alfonso de Portago tenía 12 años, mientras se daba una ducha fría después de jugar al polo. De su matrimonio con la norteamericana Olga Leighton nacieron Mª de la Soledad y Alfonso, que aunque nacieron en Londres conservaron su nacionalidad española.
Deportista nato

Sin ninguna necesidad de trabajar, el joven Alfonso encontró en el deporte y el enfrentamiento al riesgo un sentido a su vida. Practicaba entre otros el tenis, el golf, el polo, y el bobsleigh, deporte en el que participó en los Juegos Olímpicos de Cortina d'Ampezzo 1956, junto a su primo Vicente Sartorius 1 2 y además también practicó la aviación. Pilotó clandestinamente una avioneta, sobrevoló el Támesis y pasó bajo el puente de Londres. Así ganó 500 dólares que había apostado. Asimismo, sentía pasión por las carreras de caballos. En tres temporadas se llevó más de cien victorias, erigiéndose como el mejor jockey amateur, ¡hasta el día que decidió relajar un poco su régimen alimentario!.
Comienzos en el automovilismo

Fue uno de sus amigos americanos, Edmund Nelson, quien le introdujo en el mundo del automóvil puesto que, en 1953, intentaba organizar carreras de midgets en Francia. Después de esta experiencia, Portago conoció a Luigi Chinetti, importador de Ferrari en USA, con ocasión del salón de Nueva York, que le propuso competir con el en la Carrera Panamericana a lo que él aceptó.
Con un Ferrari Sport 3 litros se inscribe en enero de 1954 en los 1000 km de Buenos Aires. Portago se dio cuenta entonces que no sabía conducir ese tipo de coches ya que su compañero Harry Shell conduciría la mayor parte del tiempo y acabaron segundos. Aceptando sus propios límites vendió el Ferrari y compró un Maserati 2 litros, con el que aprende los rudimentos del pilotaje. Progresa rápidamente, se lleva sus primeras victorias en el GP de Metz y después en la Nassau Speed Week, sobre un nuevo Ferrari.
Entre estas dos victorias, tiene su primer accidente en Nürburgring, su Osca vuelca y en 1955, se rompe una pierna en Silverstone, al volante de un Ferrari de Fórmula 1. Lejos de desmoralizarse sus accidentes no hacen más que incrementar su motivación.
Piloto oficial de Ferrari

Pero al solicitar un volante oficial en Ferrari, el Commendatore (Enzo Ferrari) le envía como respuesta una foto de su accidente en Nürburgring, pero en 1956 invita a Portago a unirse a Fangio, Peter Collins, Eugenio Castellotti y Luigi Musso en el seno del equipo oficial. Es así como debutará en los GP acabando segundo en Gran Bretaña junto a Collins. Pero es sobre todo en las carreras de Sport en las que acumula plazas de honor, su temporada estuvo coronada por un segundo puesto en Caracas a la rueda de Fangio y una victoria en el Tour Auto delante de Stirling Moss
En tres años, el rico aficionado había alcanzado el clan de los grandes pilotos. Hablando varios idiomas, fue aceptado sin dificultad, con tal de que no hiciese mal empleo de sus nobles orígenes. Portago era un espíritu libre y su anticonformismo se reflejaba en una apariencia física cuidadosamente descuidada y una elegancia algo decadente. Los cabellos demasiado largos para la época, a menudo mal afeitado, un cigarrillo en los labios, Fon tenía un estilo único y su forma de conducir hacía honor a su imagen: un poco brutal y espectacular, alto y guapo no le faltaban admiradoras aunque estaba casado con una encantadora americana. Su conquista más célebre fue la actriz Linda Christian. Ésta le acompañaba en Cuba, a principios de 1957, donde Portazgo libró una de sus más bellas carreras. Al volante de su Ferrari Monza, tomó rápidamente la cabeza por delante de Fangio (sobre Maserati 300 S). Y, aquel día, el campeón argentino no pudo hacer nada contra el marqués español que entusiasmó al público. Fue necesario que un problema de alimentación forzara a Fon a detenerse en boxes durante demasiado tiempo para que Fangio ganase. Sobre el podio, este último se dirigió a su valeroso adversario diciendo: “Aquí está el verdadero ganador de la carrera”.




Portazgo había ganado el respeto de los más grandes y es entonces cuando el campeón confirma que se estará presente en la salida de las 1000 millas, una prueba que él no apreciaba nada y en la que Ferrari le había obligado a participar, en un telegrama enviado el 8 de mayo dice “En Ferrari me fuerzan a correr las Mille Miglia, primero me dijeron que tenía que hacerlo con un Gran Turismo pero después de mi primera vuelta de entrenamiento me dijeron que tenia que hacerlo con el 3800 sport y hoy me han anunciado que Taruffi y yo tenemos los nuevos 4000 cc, que mierda pero pienso ir en plan Turismo, ni siquiera Gran Turismo”. Él, que a menudo había mostrado desprecio por el peligro, empezaba a reflexionar: “Quiero ser campeón del mundo, pero pase lo que pase, dejaré de correr a los 35 años. Hay muchas otras cosas que me gustaría hacer y aunque llegase a tener cien años, no haría más que una quinta parte”.
Antes de dedicarse al automovilismo, Portazgo participó en el Grand National Hípico y fue olímpico en Bobsleigh, quedándose a las puertas de conseguir una medalla de ésta arriesgada modalidad deportiva invernal. Su carrera deportiva en el mundo del automóvil fue corta pero exitosa. Fue piloto de Ferrari y por desgracia un accidente donde perdió la vida mientras disputaba la mítica carrera de la ‘Mile Miglia’ de 1957, truncó la posibilidad de que España tuviera su primer campeón del mundo casi cincuenta años antes de que lo lograra Fernando Alonso.
En su honor se nombró una de las curvas del Circuito del Jarama, que requería de gran pericia y valor por parte de los pilotos. Después de una remodelación del circuito hace unos años, esta curva se halla ahora en la zona de nominada de ‘la hípica’, que es una curiosa coincidencia si tenemos en cuenta que las grandes pasiones en la vida del marqués de Portago fueron los caballos y las carreras.
Kim Blas Parker (Kim de Portago)

Portago fue padre de un hijo extramatrimonial con la recientemente fallecida supermodelo Dorian Leigh poco antes de su fatal accidente. Dos décadas más tarde, el joven, adicto a las drogas, se quitaría la vida arrojándose al vacío a través de una ventana.
Muerte trágica

El 12 de mayo de 1957 la XXIV edición de la Mille Miglia tocaba a su fin sin que se hubiera producido el más mínimo percance. Alfonso de Portago conducía su Ferrari 335 S (Mille Miglia) sin problemas aparentes. Estaba clasificado en tercera o cuarta posición -las crónicas de la época no lo aclaran con exactitud- y todo parecía indicar que iba a alcanzar su más sonado éxito en competición.
En la meta de la prueba reinaba una tremenda euforia. Todo era favorable: las condiciones del tiempo, el desarrollo de la carrera, la presumible victoria de un Ferrari. Faltaba muy poco tiempo para que se viviera una jornada histórica en el 30 aniversario del nacimiento de la Mille Miglia.
Pero de repente cambió la situación. Desde Guidizzolo, a 40 km de la meta, empezaron a llegar noticias estremecedoras. El Ferrari número 531 había sufrido un accidente. Pronto se supo la gravedad de lo sucedido. Lanzado a más de 240 km/h, el Ferrari conducido por Alfonso de Portago reventó el neumático delantero izquierdo después de chocar contra una piedra y, después de varios bandazos y vuelcos impresionantes de un lado a otro de la carretera, cayó encima del público que llenaba las cunetas. El coche se desintegró por completo y el marqués de Portago, con solo 28 años, y su copiloto norteamericano y amigo, el periodista Edmund Nelson, murieron en el acto, al igual que 10 espectadores, muchos de ellos niños. El número de heridos fue muy elevado.
Muchas son las teorías que se esgrimieron para explicar el terrible suceso. Algunos opinaron que el neumático había sido dañado al tocar una acera de las calles de Mantova, pero para la mayoría todo sucedió porque el piloto español no atendió a las advertencias que le habían expresado sus mecánicos sobre los síntomas de fatiga que habían observado en los portarruedas del Ferrari. De hecho, otros coches iguales habían sufrido accidentes menores por esa causa. Sin embargo, Alfonso Cabeza de Vaca siguió adelante prestando oídos sordos a dichas advertencias. Era un rasgo más de su personalidad temeraria.
La gran catástrofe que desencadenó su accidente, y la durísima reacción de la prensa deportiva de la época, sobre todo la italiana, hizo que el Gobierno tomara la decisión de prohibir la celebración de la carrera en el futuro. De haber sido otro piloto el accidentado, quizás se hubiese salvado la prueba, pero su fama era demasiado grande y su muerte tuvo tan enorme repercusión que arrastró consigo a la carrera de coches por carretera calificada como la más importante del mundo.